Se reían de su muro de girasoles… hasta que llegó la ventisca

Los investigadores actuales no atan tallos enteros de girasol alrededor de las casas. Molen, separan, mezclan, prensan y analizan el material con esmero. Lo que les interesa es la estructura interna del tallo. La médula del girasol es ligera y porosa, mientras que la parte exterior es más resistente y fibrosa. Ambas pueden considerarse residuos agrícolas tras la cosecha. En lugar de quemar o desechar ese material, los investigadores se han planteado si puede formar parte de un producto de construcción.

Los resultados son realmente prometedores. En un estudio se fabricó un compuesto aislante a partir de partículas de tallos de girasol y quitosano, un aglutinante de origen natural. El material mostró un rendimiento térmico comparable al de otros productos aislantes de origen biológico. Otro estudio combinó tallos de girasol con residuos textiles para fabricar bloques aislantes para edificios. Las pruebas revelaron que el material podía reducir la transferencia de calor y cumplir la norma analizada por los investigadores. El tallo viejo ya no era un residuo. Se había convertido en un componente de construcción.

Eso no significa que un manojo de tallos deba sustituir al aislamiento certificado en una vivienda moderna. Los materiales de construcción deben resistir la humedad, el fuego y las plagas, además de cumplir con los requisitos de resistencia y la normativa local. Pero la idea básica es conocida: crear un material estable con muchos pequeños espacios de aire, de modo que el calor se transmita a través de él más lentamente. En la página siguiente encontrarás un ejemplo moderno del uso de los girasoles en materiales de construcción...