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2. Despeja tu campo de visión

Hay desordenes que te molestan más que otros por el lugar donde se encuentran. Un cajón desordenado puede pasar desapercibido cuando está cerrado. Pero una maraña de cables de carga debajo del televisor es otra cosa. Es posible que lo notes cada vez que mires al otro lado de la habitación. Lo mismo ocurre con los bolsos junto a la puerta, los zapatos en el pasillo o los objetos que se ven desde tu sillón favorito.

Empieza por revisar tus líneas de visión principales. Siéntate donde sueles relajarte y mira al frente. Colócate en el umbral de la puerta y fíjate en lo que te llama la atención primero. A continuación, mira desde la cocina hacia el salón. Busca elementos que interrumpan la visión: cables, cajas apiladas, productos de limpieza, objetos sueltos o bordes de muebles que hagan que el espacio parezca más recargado de lo necesario.

No hace falta que lo escondas todo. Basta con eliminar las distracciones que aparecen una y otra vez en tu campo de visión. Agrupa los cables y hazlos pasar por detrás de los muebles. Guarda la aspiradora del pasillo en un armario. Mueve la pila de revistas de la mesita del salón a un estante más bajo. Una habitación puede contener los mismos objetos y, aun así, dar una sensación de mayor tranquilidad, ya que los elementos que más llaman la atención ya no se encuentran en tus líneas de visión principales.