1. Deja de hacer que tu iluminación sea totalmente predecible
El primer hábito puede parecer casi contradictorio: no confíes en que la luz del porche esté encendida de la misma forma todas las noches. Una luz exterior que permanezca encendida puede resultar tranquilizadora si tu vista ya no es tan buena como antes. Sin embargo, una luz que no cambia puede convertirse en parte de un patrón. Puede iluminar la entrada sin dar a entender que haya alguien dentro despierto y atento.
Una impresión más convincente de que la casa está habitada se consigue con cambios que parezcan normales. Enciende la luz del porche cuando realmente la usarías y haz que se vean diferentes habitaciones en distintos momentos. Los temporizadores o los enchufes inteligentes pueden ayudar, pero el principio es más sencillo que la tecnología: una casa habitada cambia a lo largo de la tarde. Una habitación se oscurece, otra se ilumina, y la casa no parece estar congelada en una misma escena durante horas.
Para los propietarios de edad avanzada, la seguridad es siempre lo primero. Mantén todas las luces que necesites para los escalones, los caminos y las entradas. Evitar una caída es igual de importante. La clave está en diferenciar entre la iluminación de seguridad útil y una señal previsible. Tu casa debe parecer bien iluminada, pero también dar la impresión de que hay gente moviéndose por ella al caer la noche.