Estos objetos cotidianos podrían estar abarrotando tu casa sin que te des cuenta. ¡Es hora de deshacerte de ellos!

Hay que echarle un buen vistazo a tu cajón de los trastos

Casi todos los hogares tienen uno. Un cajón lleno de tarjetas, papeles, cupones viejos, manuales, bolígrafos y cosas que parecen no tener otro sitio donde guardarlas. Empieza por las tarjetas antiguas de socio y de fidelización. Si ya no utilizas una cuenta, no hay motivo para conservar la tarjeta física, que solo ocupa espacio. A continuación, fíjate en los manuales de usuario.

Si todavía tienes el electrodoméstico, quizá te interese guardar la información importante en algún lugar accesible, pero hoy en día muchos manuales se pueden encontrar en Internet. Eso significa que no es necesario tener un cajón lleno de manuales de uso de electrodomésticos que compraste hace años. Los cupones viejos también pueden tirarse. Lo mismo ocurre con los menús para llevar de restaurantes en los que no has pedido nada desde hace años, sobre todo cuando los menús están fácilmente disponibles en Internet. Y luego están esas tarjetas regalo vacías.

Una vez que se haya agotado el saldo, probablemente la tarjeta en sí no necesite un lugar fijo en tu cajón de trastos. Por último, revisa las revistas y los cuadernos viejos. Si ya has leído algo y no tienes intención de volver a hacerlo, pregúntate por qué sigues guardándolo. Un cajón de trastos no debería ser un museo de cosas que quizá puedas necesitar algún día.