Empieza por los armarios de cocina
La cocina es uno de los lugares en los que más fácilmente se acumulan objetos innecesarios. Empieza por esas botellas de agua y termos de viaje que te sobran. Si tus armarios están llenos de botellas que casi nunca salen de casa, quédate con las que realmente utilizas y plantéate deshacerte del resto. A continuación, revisa tus especias.
Es probable que ese tarro que compraste hace tres años para una receta ya no tenga por qué seguir ocupando un lugar privilegiado en la alacena. Comprueba las fechas de caducidad y retira todo lo que haya caducado o que sea poco probable que vayas a usar. Y luego están las tazas. De alguna manera, las tazas parecen multiplicarse. Los regalos, los recuerdos y las compras impulsivas pueden dejarte con una estantería entera llena de ellas.
Pregúntate cuántos necesitas realmente. Una sencilla regla de «uno entra, otro sale» puede ayudarte a evitar que la colección vuelva a crecer. Cuando llega una taza nueva a casa, se va una vieja. También puedes fijarte en los recipientes de comida que no hacen juego, las tapas que faltan y los platos que nunca utilizas. Tu cocina no tiene por qué contener todos los objetos que hayas comprado jamás. Si nunca lo usas, probablemente esté ocupando espacio sin motivo alguno.