La mayoría de nosotros tenemos cosas por casa que no hemos usado en meses, o incluso en años. Quizá sea un utensilio de cocina que compramos para una receta concreta. Quizá sea un cajón lleno de cables misteriosos, ropa que ya no nos queda bien o una colección de tazas que, de alguna manera, ha crecido mucho más allá de lo que la familia realmente necesita.
El desorden rara vez aparece de golpe, sino que se va acumulando poco a poco. Un objeto acaba metido en un armario. Otro acaba en el garaje. Y hay cosas que se guardan porque «algún día» podrían hacer falta. En poco tiempo, tu casa se llena de cosas que ocupan espacio sin aportar gran cosa a tu vida.
La buena noticia es que no hace falta que vacíes toda la casa para notar la diferencia. Empieza por fijarte en las cosas que no has usado, que no te gustan o de las que te habías olvidado por completo. Quizá te sorprenda la cantidad que hay. Y es probable que algunas de las cosas más fáciles de deshacerte estén escondidas en los sitios más obvios.