Esta construcción del patio trasero parece un cobertizo de jardín, pero una abuela de 84 años la considera su hogar.

Al abrir la puerta, lo primero que te llama la atención es la luz. En lugar de las habitaciones pequeñas y oscuras de su antigua casa, Joan entra en un espacio diáfano con una ventana que ocupa casi todo el ancho de la pared. El suelo está a la misma altura desde la puerta principal hasta la pared del fondo: sin umbrales, sin escalones, sin nada en lo que se pueda enganchar el andador. Todo lo que utiliza a diario está a su alcance sin necesidad de estirarse.

La cocina ocupa todo un lado de la habitación, con una encimera rebajada unas pulgadas para que Joan pueda trabajar sentada, y cajones profundos en lugar de armarios altos, para que nada quede fuera de su vista. En una mesita junto a la ventana es donde toma su café cada mañana y ve a sus nietos ir al colegio cruzando el césped. Parece un hogar, no una habitación de hospital. ¡Pero espera, hay más! Echa un vistazo a la página siguiente…