Al abrir la puerta, lo primero que te llama la atención es la luz. En lugar de las habitaciones pequeñas y oscuras de su antigua casa, Joan entra en un espacio diáfano con una ventana que ocupa casi todo el ancho de la pared. El suelo está a la misma altura desde la puerta principal hasta la pared del fondo: sin umbrales, sin escalones, sin nada en lo que se pueda enganchar el andador. Todo lo que utiliza a diario está a su alcance sin necesidad de estirarse.
La cocina ocupa todo un lado de la habitación, con una encimera rebajada unas pulgadas para que Joan pueda trabajar sentada, y cajones profundos en lugar de armarios altos, para que nada quede fuera de su vista. En una mesita junto a la ventana es donde toma su café cada mañana y ve a sus nietos ir al colegio cruzando el césped. Parece un hogar, no una habitación de hospital. ¡Pero espera, hay más! Echa un vistazo a la página siguiente…