La cocina es otro ejemplo de lo bien que la familia ha aprovechado sus 290 pies cuadrados. En lugar de intentar recrear una cocina grande dentro de la cabaña, se han centrado en incluir todo lo que realmente necesitan. Un fregadero compacto se encuentra junto a una pequeña zona de cocina, mientras que los armarios de líneas sencillas y las estanterías abiertas ofrecen espacio para guardar la vajilla, los utensilios de cocina y los ingredientes de uso diario. Las encimeras no son enormes, pero la familia ha aprendido a trabajar de forma eficiente con lo que tiene.
Los objetos de uso frecuente quedan al alcance de la mano, mientras que los electrodomésticos y los utensilios que no se necesitan a diario pueden guardarse. Justo al lado de la cocina hay un pequeño comedor. Una sencilla mesa de madera ofrece a los cuatro miembros de la familia un lugar donde sentarse a comer, al tiempo que sirve como una superficie útil para hacer los deberes, dibujar y jugar en familia. La disposición tan cercana permite que uno de los padres prepare la cena mientras los niños están sentados a la mesa, a solo unos pies de distancia.
Las estanterías abiertas también aportan personalidad a un espacio que, por lo demás, resulta muy práctico. La vajilla de colores, las tazas y los pequeños objetos decorativos le dan un aire acogedor, en lugar de parecer un espacio meramente funcional. No es una cocina diseñada para recibir a veinte invitados. Es una cocina diminuta diseñada específicamente para cuatro personas y, de alguna manera, eso es todo lo que necesitan.