Esta familia de cuatro miembros vive en una diminuta cabaña de 290 pies cuadrados en el bosque… ¡Pero espera a ver cómo es por dentro!

Nada más cruzar la puerta principal, lo primero que sorprende es lo acogedor que resulta el salón principal. No hay ningún sofá modular enorme ni un mueble de televisión desmesurado que ocupe demasiado espacio. En su lugar, la familia ha creado una zona de estar compacta con el espacio justo para que todos puedan reunirse. Un cómodo sofá se apoya contra una de las paredes de madera, con una mesita situada cerca.

Las estanterías y los armarios empotrados ofrecen espacio para libros, objetos decorativos y las cosas de los niños sin ocupar valioso espacio en el suelo. La madera natural presente en toda la cabaña aporta a la estancia esa sensación de calidez que cabe esperar de un refugio en el bosque. Las ventanas dejan entrar mucha luz natural y ofrecen vistas a los árboles del exterior, lo que contribuye a que el pequeño interior se sienta conectado con el bosque que lo rodea.

La familia también ha optado deliberadamente por un mobiliario sencillo. Cada pieza debe cumplir una función, y todo lo que no sea necesario simplemente se descarta. Esa disciplina marca una gran diferencia. Aunque la habitación es innegablemente pequeña, no da la sensación de ser un trastero abarrotado. Da la sensación de ser un lugar donde una familia podría pasar realmente una velada juntos. Y esto es solo el principio. Esta minicasa aún esconde una cantidad sorprendente de cosas.