La buena noticia es que éste es uno de esos problemas que suelen ser más fáciles de mejorar de lo que la gente espera. No es necesario cambiar por completo la configuración del sueño. Pero sí conviene prestar atención a algunos signos sencillos. Si la almohada está aplastada, tiene bultos, se dobla constantemente por la mitad o la ajustas toda la noche para que «funcione», suele ser un indicio de que algo no va bien. Los expertos en el sueño suelen recomendar sustituir muchas almohadas cada uno o dos años, ya que las más viejas pueden combarse y perder apoyo con el tiempo.
Una almohada mejor no solucionará todos los dolores de cuello, pero si el problema sigue apareciendo por las mañanas, es una de las primeras opciones más inteligentes. Y si el dolor es intenso, se produce después de una lesión, dura semanas o viene acompañado de hormigueo, debilidad, fiebre o dolor que se extiende a los brazos o las piernas, es una buena señal para consultar a un médico en lugar de limitarse a cambiar la ropa de cama.
A veces, las cosas que creemos que «forman parte de la edad» resultan ser mucho más fáciles de solucionar de lo que parecen.