Médicos deportivos de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Hannover realizaron un seguimiento de miles de ciclistas y ciclistas electrónicos durante tres años. Analizaron los datos de 58.000 salidas, registrando la frecuencia cardiaca y el esfuerzo físico. La expectativa era clara: la asistencia eléctrica supondría un esfuerzo mínimo.
Los resultados, sin embargo, contaron una historia diferente. La frecuencia cardiaca media de los ciclistas eléctricos era apenas inferior a la de los ciclistas tradicionales. Según el profesor Uwe Tegtbur, el impacto sobre el corazón y los vasos sanguíneos era casi idéntico. Se queman calorías, el corazón trabaja duro y la forma física general mejora. La idea de que los ciclistas electrónicos «no hacen nada» simplemente no se sostiene.