Linda pensaba que estaba pidiendo un pequeño paquete de flotadores de piscina para sus nietos. En cambio, le llegó a la puerta una caja casi tan alta como la mesa de su recibidor. Cuando la abrió, los tubos de espuma de colores vivos parecían no tener fin. Revisó el pedido dos veces, convencida de que se trataba de un error, hasta que se dio cuenta de que el error era suyo. ¡Había hecho clic en el paquete más grande sin darse cuenta!
Su primer plan era sencillo: hacer un pedido de devolución. Pero la caja resultaba incómoda, la etiqueta de devolución se quedó en la encimera de la cocina y una semana ajetreada se convirtió rápidamente en dos. Para cuando Linda por fin inició sesión para tramitar la devolución, el plazo ya había vencido. Ahora tenía muchos más flotadores de piscina de los que cualquier hogar podría necesitar razonablemente. Durante varios días, la caja se quedó allí sin más, ocupando espacio y molestándola cada vez que pasaba por su lado.
Entonces, la curiosidad pudo más que ella. La espuma era ligera, flexible, fácil de cortar y hueca por dentro. Linda empezó a experimentar. Un pequeño recorte por aquí, una pequeña medida por allá, y poco a poco aquel pedido excesivo dejó de parecerle una compra tan mala. Al final de la semana, ya no se preguntaba cómo deshacerse de ellos. Descubre qué hizo Linda con ellos...