Mientras algunas partes de Europa llevan décadas debatiendo modestos proyectos de infraestructuras. A menudo empantanados por revisiones medioambientales, compromisos políticos y revisiones interminables, China está demostrando cómo es la acción decisiva, pasando de la aprobación a la ejecución a una escala que pocos intentan siquiera.
Pekín ha dado luz verde a uno de los proyectos de infraestructuras más ambiciosos jamás intentados: un túnel ferroviario de 120 kilómetros que discurrirá directamente bajo el mar. Coste estimado: 23.000 millones de euros.
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