Puso dos limones en el horno durante la noche y los resultados fueron realmente sorprendentes

La razón de que exista este truco suele quedar mucho más clara la próxima vez que se enciende el horno. Porque los hornos tienen una forma de retener las cosas mucho más tiempo de lo que la gente cree. No sólo la suciedad. El olor. Salpicaduras de grasa, pequeños derrames de comida, humo del asado, algo azucarado que burbujeó hace semanas, queso que goteó y se quemó, aceite que se coció en el fondo, pequeños restos de residuos que nunca se limpiaron del todo… todo se acumula lentamente.


E incluso cuando el interior no tiene un aspecto especialmente malo, esa acumulación tiende a perdurar de una forma que se hace muy evidente una vez que vuelve a entrar en juego el calor. Normalmente es entonces cuando la gente empieza a notar el problema. No cuando el horno está frío. Pero en el momento en que se calienta y toda la cocina se golpea con ese olor rancio, quemado, ligeramente grasiento que parece salir de la nada. Y una vez que eso empieza a suceder, el atractivo de pequeños trucos como éste se vuelve mucho más fácil de entender.


Porque limpiar a fondo un horno es una de esas tareas que la mayoría de la gente pospone el mayor tiempo posible. Así que si hay una forma sencilla de darle un toque más fresco mientras tanto, la gente tiende a acordarse de ella.