—Tus buzos siguen buscando en el limo por nosotros mientras tú te haces el capitán —respondió Samira, dando un paso firme hacia delante—. Desata a mi tripulación o te clavo una bengala de magnesio a dos mil grados justo en la caja torácica.
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—No vas a apretar ese gatillo —dijo Sterling con desdén, dando un paso lento y calculado hacia ella—. Si disparas una bengala de emergencia en el interior, este puente cerrado se llenará de humo cegador y se incendiarán las tuberías de combustible que discurren por debajo de la cubierta. Quemarás viva a tu propia tripulación.
—¡Pues arderemos juntos! —rugió Jax, irrumpiendo por la escotilla de estribor y golpeando con fuerza a Sterling en la parte posterior de las rodillas con un pesado extintor.
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