Ben era el ingeniero. Sus mensajes eran silenciosos, escasos: la mayoría eran primeros planos de placas de circuitos, estaciones de trabajo limpias, matemáticas garabateadas en servilletas. Una foto sorprendió a Vincent: Ben en una competición de robótica, con una amplia sonrisa y una medalla colgada del cuello. Pie de foto: "Construí algo que finalmente funcionó. Mamá lloró" Vincent también lloró.
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Ben vivía en San Diego, trabajaba para una empresa tecnológica y se desplazaba en bicicleta a todas partes. En una foto borrosa, estaba en un acantilado con vistas al océano. "Siempre adelante", decía el pie de foto. Vincent murmuró: "Claro que sí", y lo señaló: tal vez. Tranquilo, lógico. Podría ir en cualquier dirección.
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