Trueno se movió nervioso, dando zarpazos en el suelo. "¡Trueno, quédate!" Gritó George, con voz urgente, pero era demasiado tarde. El semental soltó un bufido y salió corriendo, persiguiendo a la criatura como si hubieran acordado en silencio correr juntos.
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"¡Trueno!" Gritó George, con el pánico inundando su voz. Dejó caer el rastrillo y echó a correr, con los pies golpeando la tierra mientras los perseguía. No podía creerlo: después de tanto tiempo, después de haber recuperado por fin a Trueno, el caballo se le escapaba de nuevo.
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