Mientras Sandra vigilaba al hombre y a la mujer, su paciencia se agotaba. Estaba en alerta máxima, esperando el momento justo en que el hombre se levantara, tal vez para estirar las piernas o ir al baño. Ésa sería su oportunidad de intervenir y ver cómo estaba la mujer.
Publicidad
Publicidad
No pudo evitar fijarse en las manos de la mujer. Estaban ocupadas, moviéndose constantemente de una manera que parecía fuera de lugar. No se limitaba a juguetear con el dobladillo de la camisa o a dar golpecitos con los dedos sin rumbo; parecía casi como si intentara decirle algo. ¿Me está haciendo una señal? Se preguntó Sandra, sintiendo curiosidad.
Publicidad
Publicidad