Nunca tuvo hijos, ¡pero una prueba de ADN revela que tiene una hija!

Una vez superada la sorpresa, Molly y Emily empezaron a comparar las vidas que habían llevado por separado. Hojeaban fotos de la infancia, fotos del colegio y viejos álbumes familiares. Algunas similitudes les hicieron reír. Los peinados, las expresiones e incluso la forma de vestir les resultaban extrañamente familiares. —¿De verdad hicimos todo esto sin conocernos? —preguntó Molly. Emily sonrió. —Al parecer, sí.

Luego llegó la parte más difícil. Molly pensó en los treinta y seis cumpleaños que habían pasado separadas. Los años de colegio, las graduaciones, las relaciones, las bodas y los días cotidianos que nunca habían compartido. Isabel, la misteriosa «hija» que lo había desencadenado todo, ahora era simplemente su sobrina. La palabra le sonó extraña al principio, pero luego le resultó natural.

Molly solía recordar aquel susto de salud que desencadenó toda la cadena de acontecimientos. Los resultados de las pruebas habían salido bien, pero la experiencia la había obligado a enfrentarse a lo poco que sabía sobre su familia biológica. Había enviado por correo una muestra de ADN con la esperanza de obtener pistas médicas y algunos nombres lejanos. En cambio, eso le reveló al pariente más cercano que podía tener. Una visita al médico había empujado a Molly a preguntarse de dónde venía. ¡La respuesta la había unido a una persona que había estado ausente de su vida desde el día en que nació!