Por fin hemos probado la «limpieza sueca antes de morir»… ¡y de verdad que funciona!

4. Deja los recuerdos para el final

Dejamos las fotografías, las cartas, las tarjetas y los recuerdos para el final. Fueron las cosas que más tiempo nos llevó clasificar. Para entonces, sin embargo, ya habíamos practicado la toma de decisiones con los objetos más sencillos. Conservamos las fotografías que contaban historias familiares claras, eliminamos los duplicados y escribimos nombres o fechas en las imágenes cuando los sabíamos. Apartamos los objetos especiales para compartirlos con los familiares.

También revisamos el papeleo, los manuales antiguos, las garantías caducadas y las carpetas olvidadas. Agrupamos los documentos importantes, mientras que los papeles que contenían información personal los trituramos cuando ya no eran necesarios. Nos aseguramos de que los familiares de confianza supieran dónde se encontraban los documentos esenciales. Para asuntos legales, financieros o sucesorios, seguiríamos recurriendo al asesoramiento profesional en lugar de confiar en un sistema de organización doméstica.

La lección es que la «limpieza de la muerte» sueca funciona mejor como hábito que como un proyecto agotador. Ahora revisamos de vez en cuando un cajón, una estantería o un armario y nos preguntamos qué ha dejado de sernos útil. La casa sigue pareciéndonos nuestro hogar. Seguimos teniendo libros, fotografías, adornos y objetos con valor sentimental. Simplemente hay menos cosas de las que ocuparnos. El método puede parecer un poco lúgubre al principio, pero a nosotros nos ha ayudado a que el día a día sea más ligero, más tranquilo y más fácil.