Consejo n.º 2: Haz que guardar las cosas sea más fácil
La segunda solución consiste en facilitar la tarea de guardar las cosas. Tu casa debería adaptarse a tus hábitos, no ir en contra de ellos. Si los zapatos siempre acaban junto a la puerta principal, dales un sitio fijo allí. Si utilizas los utensilios de cocina cada mañana, tenlos a mano. Cuanto menos esfuerzo requiera volver a colocar algo en su sitio, más probable será que lo hagas.
Aquí es donde el almacenamiento sencillo supera con creces a los sistemas más elaborados. Una cesta abierta puede ser mejor que una caja con tapa. Un cajón puede funcionar mejor que seis compartimentos. Una estantería básica puede resultar más útil que una pila de recipientes. No hace falta que los objetos estén ocultos, etiquetados o perfectamente ordenados. Necesitas un sistema que funcione cuando estás ocupado y la casa no está lista para salir en una foto.
Piensa en la organización como un atajo, no como algo para presumir. Un buen sistema de almacenamiento debería ayudarte a encontrar las cosas rápidamente, a utilizarlas con facilidad y a guardarlas sin que ordenar se convierta en toda una odisea. Si un sistema requiere un esfuerzo constante para mantenerse perfecto, simplifícalo. La casa mejor organizada no es necesariamente la más bonita. Es aquella en la que resulta fácil vivir y fácil volver a ponerla en orden tras un día de desorden.