La casa de esta señora de 91 años parece normal desde fuera, pero el interior te dejará boquiabierto

El bar de Earl, en el sótano

En el invierno de 1965, Earl se pasaba todos los fines de semana en el sótano. Cuando volvió a subir en primavera, se había construido una barra de bar. Las paredes son de tablones de pino nudoso, dorados y brillantes. La barra tiene un frente acolchado de vinilo rojo con tachuelas de latón y cinco taburetes rojos con patas cromadas. Detrás hay estantes de cristal con copas de cóctel antiguas, un sifón para refrescos y un cuenco lleno de cajitas de cerillas de restaurantes que cerraron hace mucho tiempo. Los trofeos de bolos de Earl están alineados en una estantería. El suelo es de baldosas rojas y negras, dispuestas como un tablero de damas.

En una esquina hay una mesa de juego donde Dorothy y Earl jugaban al euchre con los vecinos todos los viernes desde hacía cuarenta años. Junto a ella hay un viejo tocadiscos y una pila de discos: Patsy Cline, Dean Martin, Perry Como. «Cada Nochevieja, toda la calle bajaba por esas escaleras», dice Dorothy. «Earl preparaba las bebidas y yo hacía las salchichitas. Bailábamos aquí mismo hasta la una de la madrugada».

La gente le pregunta por qué nunca la reformaron. Dorothy se encoge de hombros. «¿Para qué íbamos a hacerlo? No había nada roto», dice. «A Earl y a mí nos gustaba. Con eso bastaba». No le da pena marcharse, dice, porque se va a vivir con su hija y porque hay mucha gente que quiere ver su casa tal y como ella la ha conservado. Solo tiene un deseo para quien la compre: que mantenga el bar de Earl. ¿Mantendrías esta casa exactamente como la dejó Dorothy o la cambiarías?