La casita que se niega a pasar desapercibida
En la casa de Kerry y Will no se cree en los conjuntos a juego, en la simetría impecable ni en comprar todo nuevo. Empezó siendo una vieja cabaña de un solo módulo y, poco a poco, se convirtió en una casita acogedora y maravillosamente personal. La madera recuperada, los accesorios vintage, las vidrieras y los muebles de segunda mano encontraron su lugar en su interior. Algunas superficies están torcidas, varios acabados desentonan, y precisamente por eso la casa resulta tan acogedora, en lugar de parecer un decorado.
La pareja llegó a esta conclusión tras recorrer Australia en una caravana todoterreno. Años de vivir con lo mínimo cambiaron su idea de lo que debía ser un hogar confortable. Una casa convencional grande ya no les resultaba atractiva, pero sí querían más espacio del que les ofrecía la caravana. La solución fue esta vivienda de 420 pies cuadrados, que les pareció más un traslado a una mansión que una reducción de espacio.
En el interior, la mayor anchura permite disponer de una cocina espaciosa, un salón independiente, un despacho y una sala de música, un pasillo, un cuarto de baño completo y un dormitorio amplio. En el exterior, una terraza cubierta se abre a los estanques, los jardines, las aves y el paisaje rural circundante. Toda la vivienda funciona de forma autónoma y se construyó con un presupuesto modesto. Nada parece perfecto, pero cada tabla y cada detalle cuentan un capítulo de la historia de Kerry y Will.