La cerilla resistente al viento
Encender una vela o una hoguera en un día ventoso puede convertirse en toda una odisea. Enciendes una cerilla tras otra, solo para ver cómo cada llama se apaga antes de prender nada. Es frustrante y se gastan las cerillas muy rápido, sobre todo cuando solo te quedan unas pocas.
Existe una técnica antigua que a veces se denomina «feathering». Antes de encender la cerilla, utiliza un cuchillo pequeño para hacer unos cuantos cortes superficiales a lo largo del tallo de madera. Deja los finos rizos unidos y manténlos bien alejados de la cabeza de la cerilla. Las «plumas» de madera captan la llama y ayudan a que dure más. Este sencillo cambio te da más tiempo para encender una vela, un hornillo o una hoguera preparada sin tener que realizar intentos repetidos y apresurados.
Maneja el cuchillo con cuidado y enciende siempre la cerilla alejándola de tu cuerpo. Prepara la cerilla a la luz del día sobre una superficie estable. Corta alejándote de tus manos y no lo intentes si tu vista o tu agarre te impiden manejar el cuchillo con seguridad. Úsalo al aire libre solo en lugares donde esté permitido hacer fuego. Retira la hierba seca y ten agua a mano. Nunca acerques la cerilla a la ropa, al pelo ni a la cara. Prepara varias en casa y guárdalas en un lugar seco. Este pequeño ajuste puede ahorrarte toda una caja de cerillas en una noche ventosa, tanto si estás encendiendo una barbacoa, una vela al aire libre o una hoguera con amigos. Es un pequeño cambio con un resultado sorprendentemente fiable, heredado de los tiempos en que aún no existían los mecheros a prueba de viento en todas las tiendas de barrio.