N.º 1: Deshazte de la ropa de una vida que ya no llevas
Abre tu armario y es posible que encuentres colgadas allí varias versiones diferentes de ti mismo. Hay ropa de un antiguo trabajo, conjuntos comprados para eventos que ya casi nunca se celebran, prendas que ya no te quedan bien y otras que conservas porque te costaron un buen dinero. Pueden sobrevivir a años de limpiezas del armario simplemente porque, técnicamente, no tienen ningún defecto.
Intenta valorar la ropa en función de tu vida actual, en lugar de solo por su estado. Pregúntate si te pondrías esa prenda con gusto esta semana. ¿Te queda bien? ¿Es cómoda? ¿Es adecuada para los sitios a los que vas realmente? Si la respuesta sigue siendo «no», no tiene mucho sentido seguir guardándole un hueco año tras año. La ropa en buen estado se puede donar en lugar de dejarla sin usar en el fondo de un armario.
No necesitas un armario diminuto. Necesitas uno que te resulte práctico. Guarda suficiente ropa para tu día a día, para ocasiones especiales y para el cambio de estaciones. Lo que sí puedes eliminar son las prendas relacionadas con planes, trabajos y hábitos que ya han quedado atrás. Vestirse resulta mucho más fácil cuando casi todo lo que tienes delante es algo que realmente te pondrías.